jueves, 7 de septiembre de 2017

EL PODER DEL SONIDO I


Nadie niega hoy en día la importancia y beneficios del uso de los infrasonidos y ultrasonidos en el campo de la salud, la medicina, la biología, la física, la química, etc. Sin embargo, cuando hablamos de usos terapéuticos de frecuencias audibles no sucede lo mismo. Para muchos ya entramos en memeces, sin fundamento científico, esotérico espirituales, “new age”, etc. ¿Por qué? Evidentemente, no pretendo responder a esa pregunta en este post, el primero de una serie de artículos, ni en los siguientes. Más bien, mi objetivo es exponer algunas de las bases del uso terapéutico del espectro de sonido “audible” y diversas metodologías hoy en uso por los terapeutas de sonido o sonoterapeutas. Haré especial énfasis en los diapasones, ya que es la herramienta que más conozco y con la que tengo mayor experiencia.




QUÉ ES EL SONIDO

El sonido en términos de física, según Wikipedia, es “cualquier fenómeno que involucre la propagación de ondas mecánicas (sean audibles o no), generalmente a través de un fluido (u otro medio elástico) que esté generando el movimiento vibratorio de un cuerpo.” Así pues, tenemos al menos dos cosas importantes: es una onda, es vibración y necesita un medio para propagarse (a diferencia de la luz, por ejemplo, que puede existir en el vacío).

El rango de frecuencias audibles por el oído humano se sitúa normalmente entre los 16 Hz y los 16.000 Hz (máximo 20.000 Hz). Por debajo de este espectro audible se encuentran los infrasonidos y por encima estarían los ultrasonidos.

Algunos animales, como las ballenas, los murciélagos, los tigres, las jirafas o los elefantes, entre otros, se comunicación o usan de alguna manera los ultrasonidos o infrasonidos. Nosotros no oímos estos sonidos, pero sí los usamos también en muchos campos.
El ultrasonido es muy eficaz en los tratamientos de tendinitis, para disolver calcificaciones, reducir el dolor y la inflamación.

















ULTRASONIDO E INFRASONIDOS, ALGUNAS APLICACIONES

En la medicina los ultrasonidos se utilizan no solo para los diagnósticos (ecografías) sino también en varias terapias: para reparar tejidos, como analgésico y antiinflamatorio en la fisioterapia; en el tratamiento de la tendinitis, para disolver calcificaciones; en la fonoforesis, es decir, para mejorar la absorción y eficacia de ciertos medicamentos; en la litotricia o técnica para la destrucción de cálculos en el riñón, la vejiga o la vesícula; en la litiasis, limpieza dental, cirugía estética, inclusive en enfermedades como el Alzheimer (ver post http://www.sonidoterapeutico.com/2016/03/ultrasonido-para-combatir-el-alzheimer.html).

También encontramos aplicaciones en otros campos, por ejemplo: para detectar fallas en el espesor de materiales solidos, en la medición de la pérdida de espesor en tubos y chapas, en la limpieza de instrumentos médicos y componentes electrónicos, en soldaduras metálicas, etc.

Los infrasonidos tienen menos aplicaciones. Básicamente se utilizan en la detección de objetos y en investigaciones de fenómenos naturales, de volcanes y meteorología.



LOS PRIMEROS USOS CURATIVOS DE LOS SONIDOS AUDIBLES

Es curioso tanta reticencia de algunos sectores de la sociedad a aceptar el uso terapéutico del sonido “audible”, máxime cuando sabemos que no es un “invento” reciente. Desde hace miles de años se ya se conocía su poder curativo. Vamos a hacer un muy breve recorrido histórico, antes de centrarnos en Pitágoras, “padre” de algunos fundamentos de la terapia de sonido, sobre todo en aquellas que utilizan la escala pitagórica.

En Egipto, según indican algunos papiros médicos encontrados, los sacerdotes utilizaban los sonidos de las vocales en sus rituales. También se usaban instrumentos de percusión para curar la infertilidad en las mujeres o dolores reumáticos. En los papiros de Lahun, datados hacia el año 1800 a.C., al final de la dinastía XII del Imperio Medio, vemos las primeras alusiones claras al uso de la música en el cuerpo humano.

En la Biblia encontramos referencias de cómo David tocaba su arpa para combatir la depresión del rey Saúl (1079 – 1007 a. C), en el Primer Libro de Samuel, capítulo 16, versículo 23 (versión de Reina-Valera 1960):

“Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.”

También podemos encontrar referencias del uso curativo del sonido en antiguas culturas de China y la India; en los aborígenes de Australia, en los Aztecas e inclusive en algunas otras culturas precolombinas. Según Rodrigo Covacevich, etnomusicólogo chileno (1): “Se suele relacionar, en el período precolombino, a la música con las plantas psicoactivas (aspecto al que me referiré más adelante), pero esto no sucedió en todas las culturas prehispánicas, pues existieron pueblos que, con el solo uso de la voz o el sonido, alcanzaban estados sutiles o alterados de la conciencia; entraban en un trance natural, donde sus participantes sabían manejar las entradas y salidas a esos mundos, desde donde traían historias, medicinas y visiones, las cuales integraban en el grupo familiar, la caza, etc.















PITÁGORAS Y EL SONIDO CURATIVO

Matemático, filósofo, místico, astrólogo… y ¿terapeuta de sonido? Pitágoras (c. 570-c. 490 a.C).aplicó las matemáticas a la vibración de la cuerda del monocordio para definir los intervalos musicales armónicos. Demostró que la frecuencia del sonido (o altura del sonido) es inversamente proporcional a la longitud de la cuerda. Descubrió las proporciones armónicas de la escala musical, las bases de la armonía. Al menos esto es lo que podemos leer en la mayoría de las fuentes sobre este maestro, sabio entre los sabios, figura carismática, legendaria y casi divina.

Cuentan que al matemático griego se le ocurrió relacionar el tamaño, masa y tensión del cuerpo emisor del sonido con el sonido resultante cuando pasaba por una herrería y oyó los sonidos diferentes que producían yunques de distinto tamaño. Es lo que se conoce como la leyenda de los martillos de Pitágoras.

Pero, al parecer, esta leyenda no es cierta…

Como muy bien explicó Miguel de Guzmán, catedrático de matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid (lamentablemente fallecido en el 2004): “la frecuencia del sonido producido por una cuerda vibrante no está en proporción con la tensión, sino con la raíz cuadrada de la tensión.” Por tanto, esta leyenda no puede ser cierta. (2)

También opina lo mismo David Hernández de la Fuente, en Vidas de Pitágoras, uno de los estudios más completos sobre Pitágoras (3). “Esta leyenda entra en la categoría de los mitos, pues, como notaron los críticos ya desde la antigüedad, la relación directamente proporcional es falsa.” No obstante, sí que tiene sentido la alusión de la fragua “en la inspiración del que quizás es el descubrimiento más célebre de Pitágoras: la proporción numérica de la música y la armonía como reguladora del cosmos”. El escenario de la fragua “emparenta esta historia con otras revelaciones oraculares del mismo tipo”.

“Llama especialmente la atención de la fragua, la volcánica gruta de Hefesto, como lugar de la revelación divina de Pitágoras, relacionada con el mundo chamánico y mántico”. Hefesto era el dios orfebre y herrero. En la mitología griega, los dáctilos al igual que los curetes, los cabiros y los coribantes, eran hombres-espíritu, antiguos herreros y hechiceros sanadores, que según algunos mitos trabajaron para Hefesto. “Hay fuentes que asocian el origen de la música de los misterios con este mundo subterráneo de la fragua volcánica.”


 













LA VERSIÓN DE GAUDENCIO

Al parecer, la explicación veraz de cómo descubrió Pitágoras la conexión de la armonía musical con los números se la debemos a Gaudencio el Filósofo. Según Miguel de Guzmán, gracias a Gaudencio sabemos que “Pitágoras tensó una cuerda musical que producía un sonido que tomó como fundamental, el tono. Hizo señales en la cuerda, que la dividían en doce partes iguales. Pisó la cuerda en el 6 y entonces al dividirla en dos partes iguales, encontró el primer armónico (el intervalo de 8ª). Pisó luego en el 9 y resultaba la cuarta. Al pisar el 8 se obtenía la quinta. ¡Las fracciones 1/2, 3/4, 2/3 correspondían a la octava, la cuarta y la quinta! Los sonidos producidos al pisar en otros puntos resultaban discordes o al menos no tan acordes como los anteriores. ¡Los números 1,2,3,4, la Tetraktys, determinaban con sus proporciones relativas los sonidos más consonantes!”, concluye el profesor. (2)

Si trasladamos los intervalos a ratios, obtenemos lo siguiente:



Para los pitagóricos las tres proporciones armónicas son: la octava (1/2) a la que llamaron diapasón), la quinta (2/3) llamada diapente y la cuarta (3/4) llamada diatesarón.

En la armonía de las esferas pitagórica el universo está regido por estas relaciones numéricas armoniosas; las distancias entre los planetas (desde una visión geocentrista) se reparten de acuerdo con las proporciones que se corresponden con los intervalos musicales.

 


¿PITÁGORAS CONOCÍA EL PODER SANADOR DEL SONIDO?
 
¿Los pitagóricos conocían el poder sanador del sonido? Quizás nunca logremos saber si el propio Pitágoras lo conocía pues no existen escritos suyos. Solo tenemos las biografías escritas sobre él, como las incluidas en el libro de Hernández de la Fuente.

“Apaciguaba con ritmo, canciones y ensalmos los padecimientos del cuerpo y del alma. A sus compañeros les aplicaba estas cosas y él podía escuchar la armonía del universo, que acompaña a las esferas de éste, y la armonía de los astros que se mueven a su ritmo y nosotros no podemos oír por la insignificancia de nuestra naturaleza. De esto es testigo Empédocles…”, escribe Porfirio de Tiro en su biografía de Pitágoras.” ( 3)

Pitágoras y Filolao, grabado en xilografía,
Theorica musicae de Franchino Gaffurio
(entre 1480 y 1492).


Tarento (435-347 a.C.), discípulo de Filolao. Tuvo relación con Platón.













Sea cierto o no, lo que sí sabemos es que los pitagóricos tenían conocimientos sobre las armonía, los números, los astros… Cien años después de Pitágoras, encontramos estas ideas en los escritos de dos pitagóricos posteriores: Filolao de Crotona (470-385 a.C.) y Arquitas de Tarento (435-347 a.C.), discípulo de Filolao, y quien tuvo relación con Platón. “La otra gran idea patrimonial del pitagorismo que deriva de los miembros de las escuelas posteriores al maestro y que también encuentra acogida en la filosofía posterior, sobre todo de Platón, es la armonía del mundo como proporción matemático-musical y la del estudio de la geometría para entender estas proporciones en el macrocosmos y en el microcosmos.” (3) Ideas que también Aristóteles tomó. Recomiendo el excelente libro de Hernández de la Fuente a quien quiera profundizar en el tema.


“LA ARMONÍA ES LA BASE DE TODA LA CURACIÓN”

La armonía era la base del pitagorismo, la música era la armonía más profunda del cosmos. Para los pitagóricos, los intervalos debían ser exactos para ser armónicos. Es por ello que la escala pitagórica sigue siendo muy utilizada en terapia de sonido, en especial a través de diapasones puros pitagóricos, también llamados Diapasones de Espectro solar armónico. Hoy ya sabemos los efectos y cualidades curativas de los intervalos, en especial la quinta justa, la octava y la cuarta. (Hablaremos más en profundidad sobre esto en un próximo post.)

“La armonía es la base de toda curación”, escribe John Beaulieu, músico y terapeuta, uno de los más importantes investigadores de las propiedades curativas del sonido, autor de varios libros de referencia obligada en estos temas, y una de las personas que más ha investigado el uso terapéutico de los diapasones pitagóricos.

En su libro Música, sonido y curación explica la aplicación de los diferentes intervalos pitagóricos, sus efectos, sus relaciones con los elementos (éter, tierra, agua, fuego, aire), con los colores, de qué manera cada intervalo puede despertar en nosotros un profundo arquetipo universal y cómo nosotros también somos armónicos, nuestro cuerpo tiene relaciones armónicas. (4)

Armónicos del cuerpo. Tomado de John Beaulieu, Musica, sonido y curación. Indigo, Barcelona, 1994.


LA ESPIRAL MUSICAL PITAGÓRICA

La escala pitagórica no es igual a la escala temperada o cromática, en la que se basa el sistema tonal actual de 12 semitonos iguales desde el medioevo. En la escala pitagórica la afinación se basa en quintas justas, es decir, en la razón 3:2 que veíamos antes.

Partiendo de un sonido base (de 100 Hz vamos a suponer, para facilitar la explicación), las demás notas de la escala (diatónica) se obtienen encadenando hasta 6 quintas por encima y una por debajo, lo que da lugar a las siete notas de una escala.

Si el sonido base es 100 Hz
El unísono sería 100 Hz pues el ratio es 1:1, el mismo sonido
La octava sería 200 Hz el ratio es 2:1
La quinta sería 150 Hz el ratio es 3:2
La cuarta sería 133,3 Hz el ratio es 4:3


Octava: ratio 2:1. Mientras que la frecuencia del sonido original oscila una vez (onda superior), la onda de la octava oscila dos veces. Son ondas armónicas, como se ve.


Si continuamos desarrollando el círculo de quintas justas hasta doce quintas, el círculo de quintas no se “cierre “ porque no equivale al unísono ni a la octava, es decir, no es igual a la nota que se tomó como base en un principio. Para cerrar el círculo, se usa entonces una coma pitagórica menor que la quinta justa, que es lo que se conoce como la quinta del lobo.

No voy a entrar en la compleja fórmula matemática, que a los de letras se nos escapa un poco. Pero sí vale la pena explicar en profundidad por qué el intervalo de quinta justa es tan importante en términos de armonía y de sanación, algo que Pitágoras nos ha enseñado. Este será el tema central del siguiente post, en el que ya entraremos en la explicación de los intervalos a nivel terapéutico y en práctica terapéutica de este intervalo de quinta justa, esencial en la terapia de sonido.



Notas y fuentes de imágenes:


1. Rodrigo Covacevich, La música precolombina

2. http://www.mat.ucm.es/catedramdeguzman/drupal/migueldeguzman/legado/historia/pitagoricos/laarmoni

3. David Hernández de la Fuente, Vidas de Pitágoras, Ediciones Atalanta, 2014.
4. John Beaulieu, Música, sonido y curación, Ediciones Índigo, 1994.





No hay comentarios:

Publicar un comentario