jueves, 7 de septiembre de 2017

EL PODER DEL SONIDO I


Nadie niega hoy en día la importancia y beneficios del uso de los infrasonidos y ultrasonidos en el campo de la salud, la medicina, la biología, la física, la química, etc. Sin embargo, cuando hablamos de usos terapéuticos de frecuencias audibles no sucede lo mismo. Para muchos ya entramos en memeces, sin fundamento científico, esotérico espirituales, “new age”, etc. ¿Por qué? Evidentemente, no pretendo responder a esa pregunta en este post, el primero de una serie de artículos, ni en los siguientes. Más bien, mi objetivo es exponer algunas de las bases del uso terapéutico del espectro de sonido “audible” y diversas metodologías hoy en uso por los terapeutas de sonido o sonoterapeutas. Haré especial énfasis en los diapasones, ya que es la herramienta que más conozco y con la que tengo mayor experiencia.




QUÉ ES EL SONIDO

El sonido en términos de física, según Wikipedia, es “cualquier fenómeno que involucre la propagación de ondas mecánicas (sean audibles o no), generalmente a través de un fluido (u otro medio elástico) que esté generando el movimiento vibratorio de un cuerpo.” Así pues, tenemos al menos dos cosas importantes: es una onda, es vibración y necesita un medio para propagarse (a diferencia de la luz, por ejemplo, que puede existir en el vacío).

El rango de frecuencias audibles por el oído humano se sitúa normalmente entre los 16 Hz y los 16.000 Hz (máximo 20.000 Hz). Por debajo de este espectro audible se encuentran los infrasonidos y por encima estarían los ultrasonidos.

Algunos animales, como las ballenas, los murciélagos, los tigres, las jirafas o los elefantes, entre otros, se comunicación o usan de alguna manera los ultrasonidos o infrasonidos. Nosotros no oímos estos sonidos, pero sí los usamos también en muchos campos.
El ultrasonido es muy eficaz en los tratamientos de tendinitis, para disolver calcificaciones, reducir el dolor y la inflamación.

















ULTRASONIDO E INFRASONIDOS, ALGUNAS APLICACIONES

En la medicina los ultrasonidos se utilizan no solo para los diagnósticos (ecografías) sino también en varias terapias: para reparar tejidos, como analgésico y antiinflamatorio en la fisioterapia; en el tratamiento de la tendinitis, para disolver calcificaciones; en la fonoforesis, es decir, para mejorar la absorción y eficacia de ciertos medicamentos; en la litotricia o técnica para la destrucción de cálculos en el riñón, la vejiga o la vesícula; en la litiasis, limpieza dental, cirugía estética, inclusive en enfermedades como el Alzheimer (ver post http://www.sonidoterapeutico.com/2016/03/ultrasonido-para-combatir-el-alzheimer.html).

También encontramos aplicaciones en otros campos, por ejemplo: para detectar fallas en el espesor de materiales solidos, en la medición de la pérdida de espesor en tubos y chapas, en la limpieza de instrumentos médicos y componentes electrónicos, en soldaduras metálicas, etc.

Los infrasonidos tienen menos aplicaciones. Básicamente se utilizan en la detección de objetos y en investigaciones de fenómenos naturales, de volcanes y meteorología.



LOS PRIMEROS USOS CURATIVOS DE LOS SONIDOS AUDIBLES

Es curioso tanta reticencia de algunos sectores de la sociedad a aceptar el uso terapéutico del sonido “audible”, máxime cuando sabemos que no es un “invento” reciente. Desde hace miles de años se ya se conocía su poder curativo. Vamos a hacer un muy breve recorrido histórico, antes de centrarnos en Pitágoras, “padre” de algunos fundamentos de la terapia de sonido, sobre todo en aquellas que utilizan la escala pitagórica.

En Egipto, según indican algunos papiros médicos encontrados, los sacerdotes utilizaban los sonidos de las vocales en sus rituales. También se usaban instrumentos de percusión para curar la infertilidad en las mujeres o dolores reumáticos. En los papiros de Lahun, datados hacia el año 1800 a.C., al final de la dinastía XII del Imperio Medio, vemos las primeras alusiones claras al uso de la música en el cuerpo humano.

En la Biblia encontramos referencias de cómo David tocaba su arpa para combatir la depresión del rey Saúl (1079 – 1007 a. C), en el Primer Libro de Samuel, capítulo 16, versículo 23 (versión de Reina-Valera 1960):

“Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.”

También podemos encontrar referencias del uso curativo del sonido en antiguas culturas de China y la India; en los aborígenes de Australia, en los Aztecas e inclusive en algunas otras culturas precolombinas. Según Rodrigo Covacevich, etnomusicólogo chileno (1): “Se suele relacionar, en el período precolombino, a la música con las plantas psicoactivas (aspecto al que me referiré más adelante), pero esto no sucedió en todas las culturas prehispánicas, pues existieron pueblos que, con el solo uso de la voz o el sonido, alcanzaban estados sutiles o alterados de la conciencia; entraban en un trance natural, donde sus participantes sabían manejar las entradas y salidas a esos mundos, desde donde traían historias, medicinas y visiones, las cuales integraban en el grupo familiar, la caza, etc.















PITÁGORAS Y EL SONIDO CURATIVO

Matemático, filósofo, místico, astrólogo… y ¿terapeuta de sonido? Pitágoras (c. 570-c. 490 a.C).aplicó las matemáticas a la vibración de la cuerda del monocordio para definir los intervalos musicales armónicos. Demostró que la frecuencia del sonido (o altura del sonido) es inversamente proporcional a la longitud de la cuerda. Descubrió las proporciones armónicas de la escala musical, las bases de la armonía. Al menos esto es lo que podemos leer en la mayoría de las fuentes sobre este maestro, sabio entre los sabios, figura carismática, legendaria y casi divina.

Cuentan que al matemático griego se le ocurrió relacionar el tamaño, masa y tensión del cuerpo emisor del sonido con el sonido resultante cuando pasaba por una herrería y oyó los sonidos diferentes que producían yunques de distinto tamaño. Es lo que se conoce como la leyenda de los martillos de Pitágoras.

Pero, al parecer, esta leyenda no es cierta…

Como muy bien explicó Miguel de Guzmán, catedrático de matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid (lamentablemente fallecido en el 2004): “la frecuencia del sonido producido por una cuerda vibrante no está en proporción con la tensión, sino con la raíz cuadrada de la tensión.” Por tanto, esta leyenda no puede ser cierta. (2)

También opina lo mismo David Hernández de la Fuente, en Vidas de Pitágoras, uno de los estudios más completos sobre Pitágoras (3). “Esta leyenda entra en la categoría de los mitos, pues, como notaron los críticos ya desde la antigüedad, la relación directamente proporcional es falsa.” No obstante, sí que tiene sentido la alusión de la fragua “en la inspiración del que quizás es el descubrimiento más célebre de Pitágoras: la proporción numérica de la música y la armonía como reguladora del cosmos”. El escenario de la fragua “emparenta esta historia con otras revelaciones oraculares del mismo tipo”.

“Llama especialmente la atención de la fragua, la volcánica gruta de Hefesto, como lugar de la revelación divina de Pitágoras, relacionada con el mundo chamánico y mántico”. Hefesto era el dios orfebre y herrero. En la mitología griega, los dáctilos al igual que los curetes, los cabiros y los coribantes, eran hombres-espíritu, antiguos herreros y hechiceros sanadores, que según algunos mitos trabajaron para Hefesto. “Hay fuentes que asocian el origen de la música de los misterios con este mundo subterráneo de la fragua volcánica.”


 













LA VERSIÓN DE GAUDENCIO

Al parecer, la explicación veraz de cómo descubrió Pitágoras la conexión de la armonía musical con los números se la debemos a Gaudencio el Filósofo. Según Miguel de Guzmán, gracias a Gaudencio sabemos que “Pitágoras tensó una cuerda musical que producía un sonido que tomó como fundamental, el tono. Hizo señales en la cuerda, que la dividían en doce partes iguales. Pisó la cuerda en el 6 y entonces al dividirla en dos partes iguales, encontró el primer armónico (el intervalo de 8ª). Pisó luego en el 9 y resultaba la cuarta. Al pisar el 8 se obtenía la quinta. ¡Las fracciones 1/2, 3/4, 2/3 correspondían a la octava, la cuarta y la quinta! Los sonidos producidos al pisar en otros puntos resultaban discordes o al menos no tan acordes como los anteriores. ¡Los números 1,2,3,4, la Tetraktys, determinaban con sus proporciones relativas los sonidos más consonantes!”, concluye el profesor. (2)

Si trasladamos los intervalos a ratios, obtenemos lo siguiente:



Para los pitagóricos las tres proporciones armónicas son: la octava (1/2) a la que llamaron diapasón), la quinta (2/3) llamada diapente y la cuarta (3/4) llamada diatesarón.

En la armonía de las esferas pitagórica el universo está regido por estas relaciones numéricas armoniosas; las distancias entre los planetas (desde una visión geocentrista) se reparten de acuerdo con las proporciones que se corresponden con los intervalos musicales.

 


¿PITÁGORAS CONOCÍA EL PODER SANADOR DEL SONIDO?
 
¿Los pitagóricos conocían el poder sanador del sonido? Quizás nunca logremos saber si el propio Pitágoras lo conocía pues no existen escritos suyos. Solo tenemos las biografías escritas sobre él, como las incluidas en el libro de Hernández de la Fuente.

“Apaciguaba con ritmo, canciones y ensalmos los padecimientos del cuerpo y del alma. A sus compañeros les aplicaba estas cosas y él podía escuchar la armonía del universo, que acompaña a las esferas de éste, y la armonía de los astros que se mueven a su ritmo y nosotros no podemos oír por la insignificancia de nuestra naturaleza. De esto es testigo Empédocles…”, escribe Porfirio de Tiro en su biografía de Pitágoras.” ( 3)

Pitágoras y Filolao, grabado en xilografía,
Theorica musicae de Franchino Gaffurio
(entre 1480 y 1492).


Tarento (435-347 a.C.), discípulo de Filolao. Tuvo relación con Platón.













Sea cierto o no, lo que sí sabemos es que los pitagóricos tenían conocimientos sobre las armonía, los números, los astros… Cien años después de Pitágoras, encontramos estas ideas en los escritos de dos pitagóricos posteriores: Filolao de Crotona (470-385 a.C.) y Arquitas de Tarento (435-347 a.C.), discípulo de Filolao, y quien tuvo relación con Platón. “La otra gran idea patrimonial del pitagorismo que deriva de los miembros de las escuelas posteriores al maestro y que también encuentra acogida en la filosofía posterior, sobre todo de Platón, es la armonía del mundo como proporción matemático-musical y la del estudio de la geometría para entender estas proporciones en el macrocosmos y en el microcosmos.” (3) Ideas que también Aristóteles tomó. Recomiendo el excelente libro de Hernández de la Fuente a quien quiera profundizar en el tema.


“LA ARMONÍA ES LA BASE DE TODA LA CURACIÓN”

La armonía era la base del pitagorismo, la música era la armonía más profunda del cosmos. Para los pitagóricos, los intervalos debían ser exactos para ser armónicos. Es por ello que la escala pitagórica sigue siendo muy utilizada en terapia de sonido, en especial a través de diapasones puros pitagóricos, también llamados Diapasones de Espectro solar armónico. Hoy ya sabemos los efectos y cualidades curativas de los intervalos, en especial la quinta justa, la octava y la cuarta. (Hablaremos más en profundidad sobre esto en un próximo post.)

“La armonía es la base de toda curación”, escribe John Beaulieu, músico y terapeuta, uno de los más importantes investigadores de las propiedades curativas del sonido, autor de varios libros de referencia obligada en estos temas, y una de las personas que más ha investigado el uso terapéutico de los diapasones pitagóricos.

En su libro Música, sonido y curación explica la aplicación de los diferentes intervalos pitagóricos, sus efectos, sus relaciones con los elementos (éter, tierra, agua, fuego, aire), con los colores, de qué manera cada intervalo puede despertar en nosotros un profundo arquetipo universal y cómo nosotros también somos armónicos, nuestro cuerpo tiene relaciones armónicas. (4)

Armónicos del cuerpo. Tomado de John Beaulieu, Musica, sonido y curación. Indigo, Barcelona, 1994.


LA ESPIRAL MUSICAL PITAGÓRICA

La escala pitagórica no es igual a la escala temperada o cromática, en la que se basa el sistema tonal actual de 12 semitonos iguales desde el medioevo. En la escala pitagórica la afinación se basa en quintas justas, es decir, en la razón 3:2 que veíamos antes.

Partiendo de un sonido base (de 100 Hz vamos a suponer, para facilitar la explicación), las demás notas de la escala (diatónica) se obtienen encadenando hasta 6 quintas por encima y una por debajo, lo que da lugar a las siete notas de una escala.

Si el sonido base es 100 Hz
El unísono sería 100 Hz pues el ratio es 1:1, el mismo sonido
La octava sería 200 Hz el ratio es 2:1
La quinta sería 150 Hz el ratio es 3:2
La cuarta sería 133,3 Hz el ratio es 4:3


Octava: ratio 2:1. Mientras que la frecuencia del sonido original oscila una vez (onda superior), la onda de la octava oscila dos veces. Son ondas armónicas, como se ve.


Si continuamos desarrollando el círculo de quintas justas hasta doce quintas, el círculo de quintas no se “cierre “ porque no equivale al unísono ni a la octava, es decir, no es igual a la nota que se tomó como base en un principio. Para cerrar el círculo, se usa entonces una coma pitagórica menor que la quinta justa, que es lo que se conoce como la quinta del lobo.

No voy a entrar en la compleja fórmula matemática, que a los de letras se nos escapa un poco. Pero sí vale la pena explicar en profundidad por qué el intervalo de quinta justa es tan importante en términos de armonía y de sanación, algo que Pitágoras nos ha enseñado. Este será el tema central del siguiente post, en el que ya entraremos en la explicación de los intervalos a nivel terapéutico y en práctica terapéutica de este intervalo de quinta justa, esencial en la terapia de sonido.



Notas y fuentes de imágenes:


1. Rodrigo Covacevich, La música precolombina

2. http://www.mat.ucm.es/catedramdeguzman/drupal/migueldeguzman/legado/historia/pitagoricos/laarmoni

3. David Hernández de la Fuente, Vidas de Pitágoras, Ediciones Atalanta, 2014.
4. John Beaulieu, Música, sonido y curación, Ediciones Índigo, 1994.





martes, 22 de agosto de 2017

EL UNIVERSO ELÉCTRICO


 

We are star stuff contemplating the stars".
Carl Sagan
“Somos polvo de estrellas contemplando las estrellas”. Al parecer, Carl Sagan no estaba muy equivocado al afirmar que “el cosmos está también dentro de nosotros; estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas”.
El Sol, en lugar de ser un horno termonuclear, aislado, que transforma en cada segundo millones de toneladas de hidrógeno en millones de toneladas de helio, es un dinamo eléctrico, energizado por las corrientes galácticas de Birkeland y conectado a través de esta red de electricidad a todas las demás estrellas eléctricas del universo. Esta es la concepción del Sol según la nueva teoría cosmológica, el modelo del Universo eléctrico, que desde hace unas décadas se está imponiendo dentro de la comunidad científica y que da un vuelco a la visión del origen del cosmos establecido desde los tiempos de Copérnico y Galileo. Durante 300 años se ha considerado a la gravedad como la fuerza dominante en el universo. De acuerdo con esta nueva visión, no hubo Big Bang, no hay agujeros negros, materia oscura, energía oscura, no hay principio ni fin. El universo es un modelo fijo, sin principio ni fin.
Gracias a las investigaciones pioneras de Christian Birkeland (Noruega, 1876-1917), Irving Langmuir (Estados Unidos, 1881-1957, Premio Nobel 1932) y Hannes Alfvén (Suecia, 1908-1995, Premio Nobel 1970), y en la actualidad a los trabajos y publicaciones de muchísimos científicos, pero en especial de Anthony Peratt, Donald Scott, David Talbott y Wallace Thornhill sabemos que el espacio no está vacío sino lleno de plasma, y que las corrientes de Birkeland pueden generar, por ejemplo, galaxias.
   
La corriente de Birkeband (izquierda) es una corriente eléctrica en un espacio de plasma que posee una estructura magnética en filamentos, similar a una “soga retorcida”. Recuerda la forma del caduceo griego (en medio) o de la estructura del ADN representada con una doble hélice (derecha).

QUÉ ES EL PLASMA
Este nuevo enfoque del cosmos se deriva del concepto del plasma. No nos referimos a la sangre sino al plasma eléctrico. El llamado cuarto estado de la materia, el que más abunda en el universo, el estado en el que se encuentra el 99% de toda la materia conocida. El plasma se puede obtener calentando un gas  a tal temperatura que los átomos se ionicen, es decir, que  "pierdan" los electrones exteriores los cuales quedan libres, no ligados a ningún átomo o molécula. Es un estado similar al gas, “pero en el que determinada proporción de sus partículas están cargadas eléctricamente y no poseen equilibrio electromagnético (Wikipedia). Esto hace que, a diferencia de los gases sin ionizar, el plasma sea un excelente conductor eléctrico, capaz de emitir luz, que en presencia de campos eléctricos y magnéticos pueda comportarse de un modo colectivo, como si fuera un “fluido” y que tenga una “alta reactividad química”, incluso a baja temperatura, lo que explica ciertas reacciones en el espacio intergaláctico.

 
Lámpara de plasma.
Fuente: De I, Luc Viatour, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=160805

La mayor parte de la materia en el universo visible se encuentra en estado de plasma: el Sol y todas las estrellas, al igual que el espacio entre ellas, las nebulosas intergalácticas, los rayos en una tormenta, la aurora boreal y la austral, el viento solar, la ionosfera, el interior de un tubo fluorescente…
La Tierra, así como casi todos los planetas del sistema solar (excepto Marte y Venus) tiene una "envoltura" de plasma, una envoltura de doble capa, conocida como la magnetosfera, que la protege de la radiación solar, del viento solar y demás rayos cósmicos, desviando las partículas cargadas hacia los polos magnéticos, lo que causa las auroras australes y boreales.  Sin esta capa probablemente no habría vida en la Tierra.


Filamentos eléctricos en la Nebulosa del Velo (Constelación del Cisne). Crédito: Hubble, NASA
 
BIOPLASMA
¿Tenemos nosotros también una "capa" protectora de plasma alrededor de nuestro cuerpo parecida a la magnetosfera de la Tierra? ¿Estamos de alguna manera interrelacionados con el plasma? ¿El campo energético que rodea nuestro cuerpo tiene algo que ver con el plasma? ¿Podemos hablar de un bioplasma?
Lo que hoy ya es innegable es que nuestro cuerpo también está lleno de electricidad. El colágeno  (la proteína que está presente en la piel, los ligamentos, los tendones, los huesos, los cartílagos, los vasos sanguíneos y otros tejidos conectivos) es un excelente conductor eléctrico al igual que los huesos, nuestra sangre tiene carga eléctrica, nuestro corazón es un excelente oscilador eléctrico, nuestras ondas cerebrales son frecuencias eléctricas...
Barbara Brennan, quien trabajó como investigadora de la NASA antes de convertirse en una de las terapeutas bioenergética más reconocidas a nivel mundial, fue una de las primeras en hablar de bioplasma. En su libro Manos que curan, hace un resumen de las investigaciones hasta finales del siglo XX relacionados con el campo energético humano (CEH). “… el CEH se compone de partículas y tiene un movimiento semejante al de un fluido, como las corrientes de aire o de agua. Estas partículas son diminutas, incluso subatómicas según algunos investigadores. Cuando dichas partículas ínfimas se desplazan juntas formando nubes, los físicos suelen denominarlas plasmas. (…) Muchas de las propiedades del CEH medidas en laboratorio sugieren un quinto estado de la materia, denominado “bioplasma” por algunos científicos”.
Llámese Qi, Ki, biocampo, energía sutil, biofotones, éter, campos de torsión (“torsión fields” del Dr. Wilhem Reich y posteriormente del Dr. Nikolai Kozyrev), lo cierto es que la ciencia empieza a ver lo que los místicos hace milenios que vienen afirmando: el universo es un conjunto de diferentes y complejas frecuencias, todo está interconectado. Somos partículas pero también ondas. En ese campo de energía sutil hay información, hay “mente” y conciencia.   


CAMPO ELECTROMAGNÉTICO DEL CORAZÓN

Ya se ha podido comprobar mediante magnetómetros extremadamente sensibles que el campo electromagnético producida por el corazón varía según las emociones. Ante emociones de frustración o ira, las frecuencia del ritmo cardiaco son caóticas y desordenadas. Cuando se trata de emociones como el amor, la compasión, las frecuencias son más ordenadas y coherentes. Investigaciones en Neurocardiología, como las realizadas en el instituto HeartMath (Rollin McCraty y otros), han podido comprobar que el campo eléctrico del corazón es el más poderoso y extenso del cuerpo humano.  Comparado con el campo electromagnético producido por el cerebro, el componente eléctrico del corazón es 60 veces mayor en amplitud y penetra en cada célula del cuerpo. El componente magnético es aproximadamente 5000 veces más fuerte que el campo magnético del cerebro y puede ser detectado a varios pies de distancia del cuerpo con magnetómetros sensibles.

“Muchos creen que la conciencia se origina únicamente en el cerebro. Recientes investigaciones científicas sugieren de hecho que la conciencia emerge del cerebro y del cuerpo actuando juntos. Una creciente evidencia sugiere que el corazón juega un papel particularmente significante en este proceso. Mucho más que una simple bomba, como alguna vez se creyó, el corazón es reconocido actualmente por los científicos como un sistema altamente complejo, con su propio y funcional “cerebro”. Investigaciones en el nuevo campo de la Neurocardiología muestran que el corazón es un órgano sensorial y un sofisticado centro para recibir y procesar información.” Dra. Rolling McCraty, El cerebro del corazón.

Estas mediciones han sido posibles gracias a aparatos de medición extremadamente sensibles como el SQUID (Dispositivos superconductores de interferencia quántica), usados para medir campos magnéticos extremadamente pequeños, los magnetómetros más sensibles que existen hoy.

No es el objetivo de este breve post reseñar todos los trabajos e investigaciones de cientos de científicos que han estado involucrados en aportar información sobre estos temas. Lo cierto es que todo lleva hacia la interrelación: estamos todos interconectados, no solo entre nosotros, los seres humanos, sino entre todo el universo, los demás seres vivientes, el espacio intergaláctico... “Lo que es arriba es abajo”.
 


 




















TERAPIAS VIBRACIONALES

Hoy más que nunca se abre una nueva perspectiva a las llamadas terapias vibracionales. Donde hay bloqueos en este campo sutil, biocampo, bioplasma, ki o cuerpo etéreo, como se quiera llamar, hay bloqueos en el cuerpo físico. Esto es algo que hoy en día ya está demostrado. Allí donde la energía no fluye es donde puede haber una patología a nivel físico. El cambio de enfoque cosmológico es una puerta de incalculable valor para entender y progresar en el entendimiento de la salud, de las emociones, de lo sutil, de las interrelaciones.

El trabajo con diapasones terapéuticos, por ejemplo, puede llegar a cambiar, fortalecer o desestabilizar el biocampo. El cuerpo es un conjunto de frecuencias dinámicas, cambiantes. Como dice Eileen Day McKusick, una de las más serias terapeutas de sonido actual (Tuning the Human Biofield): “Once we have crossed this bridge, into a world of waves and particles, instead of only particles, we have entered a domain where sound balancing makes sense. And we have crossed into a cosmology of interconnection, where we undestand that treating a vibrational imbalance in any one person helps treat the imbalances in humankind  -and in a very small way, the entire cosmos.” (Una vez que hemos atravesado el puente, hacia un mundo de ondas y partículas, en lugar de solo partículas, entramos en un terreno en el que lograr el equilibrio a través del sonido adquiere sentido. Y hemos cruzado hacia una cosmología de interconexión, en la que entendemos que al tratar el desequilibrio vibracional en cualquier persona estamos ayudando a tratar el desequilibrio en el género humano –y de una manera muy pequeña, de todo el cosmos.” )
 

martes, 14 de febrero de 2017

DIAPASONES DE LOS PLANETAS


Junto a los diapasones Inner Sound, afinados 2 octavas por encima de la frecuencia de la Tierra y basados en la espiral de intervalos de quintas justas (ver post), hoy en día podemos encontrar otros muchos sistemas de diapasones de uso terapéutico, entre ellos: los diapasones de frecuencias Solfeggio, los de la escala pitagórica, los OTTO, los OM y los “planetarios” de Hans Cousto, sobre los que hablaremos en este post.


Hans Cousto, matemático y musicólogo suizo, creó en 1978 una serie de diapasones basándose en las frecuencias orbitales de los planetas. Aplicando la ley natural que llamó “La Octava Cósmica” transformó estas frecuencias orbitales en frecuencias audibles por el ser humano, es decir, entre un rango de 16 a 20.000 Hz.

Veamos algunos ejemplos:


La Tierra:

Nuestro planeta tarda 365,25636042 días en girar alrededor del Sol, lo que equivale a  = 31556925,54 segundos.

La frecuencia de la Tierra sería:
1/31556925,54 segundos =  0,000 000 03168 Hz

Esta frecuencia obviamente está fuera de nuestro rango audible. Aplicando el principio de la octava, Cousto la multiplico por 2 tantas veces como fuera necesario, hasta lograr una frecuencia audible por el hombre (entre 16 a 20.000 Hz):

32 octavas = 136,10 Hz  (cercano al Do sostenido, de la tonalidad afinada a LA = 440 Hz).


Mercurio:

Mercurio tarda 87,969 días en girar alrededor del Sol, lo que equivale a 
7600522 segundos.

La frecuencia orbital de Mercurio es:
1/7600522 segundos =  0,000 000 03116 Hz

Aplicamos la Octava cósmica:
(0,000 000 03116 Hz x 2) 2^29 = 141,27 Hz  

Es decir, la frecuencia 141,27 Hz está 30 octavas por encima de la frecuencia orbital del planeta Mercurio.


Frecuencias de los diapasones planetarios de Hans Cousto:


La frecuencia media del cuerpo humano sano durante el día es de 62 a 68 MHz (megahercios). Sabemos que cada órgano de nuestro cuerpo también tiene una frecuencia de vibración propia, que varía según esté sano o en desequilibrio. Uno de los principios básicos de la terapia de sonido es el de la resonancia simpática. ¿Cómo resonarán nuestros órganos con las frecuencias vibratorias de los planetas de Cousto? ¿Podríamos aplicar a las frecuencias de nuestros órganos la ley natural de la Octava Cósmica y hacerlas audibles por el oído humano? Esto es quizás materia de otro post.

domingo, 28 de agosto de 2016

CÓMO NOS AFECTAN LAS DISTINTAS VIBRACIONES


“Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra”


La ciencia actual ya ha confirmado este Tercer Principio del Universo, escrito en el Antiguo Egipto  y recogido posteriormente (en el s. XIX) en el Kybalión.

Todo se encuentra en continuo movimiento, en continua vibración y transformación, incluido nuestro cuerpo.


Nuestro cuerpo está formado por órganos, conformados por tejidos, que a su vez están formados por células, compuestas de moléculas y átomos, siempre en continuo movimiento.

Pero no solo a nivel físico estamos en continua vibración. También lo estamos a nivel mental, emocional y espiritual. Cada uno de nuestros pensamientos, emociones o sentimientos tiene una frecuencia de vibración específica. Todo el universo es energía vibrando en diferentes frecuencias. Nuestros pensamientos y emociones también tienen una vibración, las plantas y los alimentos que comemos, los animales, los objetos… Nuestra vibración también afecta a otros organismos. Inclusive un pensamiento nuestro puede afectar los cristales de agua…



Cada enfermedad tiene una frecuencia de vibración

La frecuencia media del cuerpo humano sano durante el día está entre 62 a 68 MHz.

Recordemos: un hercio es la frecuencia de un suceso o fenómeno repetido una vez por segundo. Un megahercio equivale a un millón de hercios; por tanto es un ultrasonido, pues supera el rango de frecuencia audible para el oído humano, que es de 20 Hz a 25.000 Hz. 

Cada órgano del cuerpo humano tiene una frecuencia de vibración:


Cuando se reduce la frecuencia media del cuerpo (62 a 68 MHz), nuestro sistema inmunológico se afecta:

• a 58 MHz pueden aparecer síntomas de resfriado;
• a 42 MHz hay riesgo de cáncer;
• a 25 MHz se inicia el proceso de muerte del cuerpo humano.


 Un pensamiento negativo puede reducir la frecuencia media del cuerpo en 10 MHz. En cambio, un pensamiento positivo puede elevarla en 10 Mhz.

Los alimentos que ingerimos también pueden aumentar o disminuir la frecuencia media de nuestro cuerpo.

En el tratamiento de ciertas patologías del sistema músculo esquelético se ha comprobado que la aplicación de frecuencias entre 1 y 3 MHz tiene un efecto analgésico, regenerativo y antiinflamatorio.

Hoy ya nadie pone en duda que todo ser viviente, vegetal o animal, tiene un campo electromagnético. Tenemos corrientes eléctricas en el cuerpo que generan campos magnéticos y se extienden fuera del cuerpo. Cambios en estos campos energéticos pueden producir cambios físicos y de conducta.  

Ya existen dispositivos electrónicos para encontrar los puntos de acupuntura. También hay sofisticados monitores de frecuencias que no sólo miden el campo de energía de cada ser viviente, sino que también permiten comprobar cómo la aplicación de diferentes frecuencias afectan de forma positiva o negativa, con efectos significativos sobre la salud del organismo.

Todo esto hoy lo sabemos gracias a las investigaciones y descubrimientos que se han hecho en los últimos 200 años, y que respaldan las bases teóricas de muchas de las terapias actuales de sanación energéticas y vibracionales, entre ellas, por supuesto, el uso de frecuencias de sonido en la salud.

Dedicaremos los siguientes posts a explicar con mayor detalle los aportes de estos grandes científicos, entre ellos: Samuel Hahnemann, Nikola Tesla, Georges Lakhousky, Royal R. Rife, Harold S. Burr, Semión y Valentina Kirlian, Valerie V. Hunt, Robert O. Becker, Bruce Lipton, Bruce Tainio, Masaru Emoto…

Samuel Hahnemann
Nikola Tesla

Royal R. Rife
Semión y Valentina Kirlian
Harold S. Burr
Valerie V. Hunt



Bruce Tainio
Bruce Lipton
Masaru Emoto